miércoles, 11 de abril de 2012

LOS RUSTICOS

Un disparo al arco que roza la línea del corner, un pase que se pierde por el lateral, una patada en el medio de la rodilla por la llegada tarde en la recuperación del cilindro...
Un Jerónimo Bárgues, un Federico Spano, un Gustavo Arriba entre otros.

Señores, tengo el desagrado de presentarles de esta manera a los rústicos. A ellos nos referiremos en este artículo
Como es sabido, no todo en el fútbol son tacos, rabonas, gambetas, aquella pegada excelente que incrusta el balón en el ángulo del portero... también hay otros jugadores, hay otros escenarios y características, más bien diría otra faceta, que este deporte tan hermoso nos muestra en lo cotidiano.
Consultando el Diccionario de la Real Academia Española, éste nos ofrece una variedad de acepciones del término “rústico” que puede servir como punto de partida para aquellos que quizá no saben con precisión a qué se debe tal denominación.

En la primera de dichas acepciones nos encontramos con que rústico es alguien del campo. Por ejemplo podríamos decir: Vive en una pequeña localidad rústica.
La segunda acepción de la palabra nos expresa: Que se comporta con grosería e ignorancia: Por ejemplo, tiene unos modales un tanto rústicos.
Luego hay otros significados, los cuales dejaremos de lado.

Aunque la acepción que más concuerda con nuestro punto de análisis es la segunda, aquella que nos expresaba que rústico es aquel que se comporta con grosería e ignorancia.
Entonces, lo interesante ahora sería reparar en la relación que podemos establecer entre tal definición y el tema que nos tiene ocupado en este momento. “Los Rústicos en el fútbol”.
Al referirnos a los jugadores de fútbol, la realidad nos demuestra que los hay con muy variadas características, están aquellos virtuosos en los que se destaca la calidad del pase, la pegada precisa, la destreza o habilidad para gambetear adversarios. Como también están aquellos jugadores en los que se destaca la marca, el sacrificio, el esfuerzo, la capacidad para recuperar el balón, etc. Es evidente que no todos tienen las mismas condiciones, que hay algunos jugadores que están muy limitados en lo físico, en lo futbolístico, o en ambos aspectos.
No es de mi incumbencia mencionar ejemplos de rústicos jugadores y describir todos sus aciertos y errores. Sino más bien encarar el tema desde una perspectiva más general.
Para comenzar, y según mi humilde parecer, entiendo que un jugador rústico es aquel que presenta las siguientes características a saber:

a) Se desprende del balón con desprecio, casi con cizaña, en muchas ocasiones para sacárselo de encima, sin ningún destino concreto.
b) Agresión física al rival, por la impotencia que genera en ellos no poder sacar la esfera limpiamente.
c) Los remates tienen una probabilidad del 10% de ir al arco, y un 3,5% de que los mismos se conviertan en gol.
d) Por lo general le pegan de puntín, nunca una cara externa, o cara interna del botín de su pierna hábil, si es que tienen alguna.
e) En algunos jugadores rústicos se suele observar la presencia de poca voluntad, esfuerzo o sacrificio, y por si fuera poco, la barriga de muchos de ellos, contribuye a acrecentar estas características recién mencionadas.
f) El intento de dejar en camino a algún jugador rival, puede consistir en varios casos, una verdadera utopía, casi una odisea. Pueden presentar un andar torpe y no existe para ellos el quiebre de cintura. Solo adelantan la pelota y bueno, buscan generar ese espacio tan deseado para pegarle al arco.
Enunciados los ítems anteriores cabe aclarar que no son más que una descripción enunciativa, valga la redundancia, y no taxativa, puesto que pudiésemos incluir más características al
respecto si eso quisiéramos.



Ahora ¿Son necesarios los rústicos al fútbol como el pétalo a su rosa o como el mar a su sal? ¿Hay que extirparlos de la faz de la tierra, como se extirpa una garrapata a un canino o un tumor maligno a algún ser humano?

En verdad creo que los jugadores de estas características tocan, como te toca tu familia y tus hermanos a quienes no elegís. Como aquella comida que hace tu vieja y decís. “Uhh, otra vez pescado con arroz”. Y tu vieja te dice: “Querido, es lo que hay, sino váyase a comprar un combo a Mc Donalds”. En fin, están ahí, no podemos evitarlos, forman parte de nosotros, de este deporte. Como se dice de las mujeres que son un mal necesario, los rústicos también lo son. Imagínense que todos los jugadores de un equipo fuesen excelentes en su nivel, ¿Qué pasaría con el murciélago y el distinto? Imagínense a modo de ejemplo a Rivarola o Artalaz con la pegada de David Beckham o Lucho Figo. O con lujos al mejor estilo Zinedine Zidane o Cristiano Ronaldo y porque no, la velocidad demoledora de un Leonel “la pulga” Messi. ¿Acaso se lo imaginan? ¿Sería un problema no?
No se disfrutan, eso es cierto, porque yo disfruto más observando a “pampita” que a “Choli Berreteaga”



Pero amén de eso, creo que cada partido es una oportunidad para que éstos salgan por un momento de aquello que los caracteriza y puedan sobresalir y satisfacerse ampliamente, como fue el caso del señor Michelángelo quien obtuvo votos al distinto en pasadas ocasiones. Siempre se espera lo peor de ellos, pero cuando tienen un buen rendimiento, se les reconoce y eso los esperanza, les alimenta esa sensación interior de “Yo puedo”.

Por último, solamente cabe mencionar que los rústicos, más allá de conocer sus limitaciones, no deben aceptarlas lisa y llanamente y claudicar en el intento de superarse día a día para demostrar que pueden ser mejores. A eso deben aspirar, y no a matarse por hacer gambetas o una pisada o un remate excelente. Sino que a pesar de aquellas limitaciones de las que hablamos, deben esforzarse para que cada sábado sea una oportunidad de observar, que ellos también pueden ser útiles al equipo del cual forman parte y no que entre nuestros recuerdos, solo quede aquel remate que se fue por arriba del travesaño veinte metros o aquella patada que lesionó el tobillo del rival. Dado que así, no los estaremos ayudando.



Texto Original Matias Fumarolla
Publicado en Diario Ole, Agosto 2007


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